Tengo nueve fundas de celular resinadas guardadas en una caja de zapatos en el clóset, y solo dos pasaron la prueba de un mes de uso diario sin que un botón se pegara o una esquina se despegara. Las otras siete son el resultado de probar, una y otra vez, dos maneras distintas de poner resina epoxi sobre una funda de celular: verterla directo sobre el teléfono ya armado, o hacer la pieza aparte en un molde y pegarla después. Son manualidades terapéuticas para mí, un respiro después de semanas pesadas en la oficina, y aunque entiendo que para otras personas esto podría convertirse en un emprendimiento creativo, yo todavía no vendo nada de lo que hago. Antes de seguir: algunos cursos que menciono más abajo llevan enlace de afiliado, y si te inscribes a través de ellos recibo una comisión que no te cuesta nada extra.
Camila, que me escribe seguido desde Concepción, fue quien me preguntó directamente cuál de los dos métodos le convenía más para su primera funda. No tengo una respuesta corta, así que decidí poner los dos lado a lado, con lo que de verdad pasó en mi mesa cada vez que los probé.
El dilema de las fundas de celular: ¿vertido directo o pieza aparte?
El primer método parece el más obvio: pones la funda ya puesta en el celular, nivelas bien la mesa y viertes la resina directo encima, dejando que cubra bordes y cámara. El segundo exige más paciencia: preparas un molde con la forma exacta de la funda, viertes ahí, esperas a que cure sola la pieza, y luego la pegas sobre la funda original. Cada vez que alguien me pregunta cuál usar, mi respuesta depende de cuánto esté dispuesta esa persona a arriesgar el celular mismo en el proceso, porque ahí está la diferencia real entre los dos caminos.
Uso resina epoxi para las dos variantes que te muestro aquí, no resina UV de curado rápido, aunque esa decisión también merece su propio análisis en otro momento. Mientras mezclo cualquiera de las dos partes siento ese calor suave que sube del vaso apenas se unen. La resina no se seca, se cura mediante una reacción química exotérmica, algo que todavía me sorprende sentir con las manos aunque lo haya visto pasar muchas veces. Fue justo esa curiosidad la que me hizo seguir con más atención el curso Accesorios en Resina para Emprender, que dedica una lección completa a por qué conviene trabajar en capas delgadas en vez de confiar en que todo cuaje de una sola vez.
Verter resina epoxi directo sobre la funda puesta
Antes de probar cualquiera de los dos métodos siempre preparo un poco más de resina de la que creo necesitar, porque calcular justo nunca sale bien. Lo que hago con lo que sobra lo conté en otro artículo sobre cómo guardar resina epoxi sobrante tras mis experimentos, que me ha salvado de desperdiciar material mientras espero que cure una pieza nueva.
Mi primera funda con este método se desbordó por el hueco de la cámara apenas la resina empezó a asentarse, porque mi mesa de trabajo, pegada al ventanal que da luz al living, no estaba del todo nivelada y el líquido migró solo hacia el borde más bajo.
Limpiar esa plasta pegajosa me tomó más tiempo que preparar la mezcla original, y desde entonces reviso el nivel con una aplicación del celular antes de verter nada.
Con los pigmentos pasó algo parecido la primera vez que quise darle color a esta mezcla: usé colorante comestible porque no tenía polvo de mica a mano, y el resultado quedó opaco y bastante más espeso de lo que esperaba, nada parecido a la transparencia que buscaba para la funda. Después compré polvos de mica dorados en una de las mesas del Mercado Artesanal de Ñuñoa, y la primera vez que los espolvoreé sobre la resina los vi expandirse solos, como nubes doradas abriéndose dentro del líquido, antes de que yo moviera nada con el palito de mezcla.
También probé pan de oro sobre este tipo de vertido, algo que conté con más detalle en otro cuaderno, y funciona bien siempre que la hoja esté seca antes de cubrirla con resina.
Hacer la pieza en un molde aparte y pegarla después
Este segundo camino resuelve el problema de los botones de raíz, porque la resina nunca toca el celular directamente: se vierte en un molde con la silueta de la funda, cura ahí sola, y después se pega la pieza terminada encima con un adhesivo transparente. Elegí un molde de silicona flexible en el mismo mercado artesanal de Ñuñoa donde encontré los pigmentos, porque los moldes rígidos tienden a atrapar aire justo en las esquinas donde la funda se curva.
El problema real de este método son las burbujas, sobre todo si la pieza necesita más grosor para no quebrarse al despegarla del molde.
Ya escribí en detalle sobre cómo saco el aire atrapado en estos casos, así que aquí solo te digo que en un molde más profundo el aire tarda más en subir y conviene tener paciencia extra antes de dar la pieza por lista.
Cuando quise encapsular flores secas en una de estas piezas, casi todas subieron hacia la superficie en vez de quedarse en el centro, y entendí que ese es justo el tipo de detalle que se explica mejor en un artículo dedicado solo a encapsulado, no de pasada aquí.
Después de pegar la pieza sobre la funda original, a veces lijo apenas el borde para que no se note tanto el salto entre las dos superficies, aunque pulir bien esa unión es otro tema que trato con calma en otra entrada.
Lo que ninguno de los dos métodos resuelve solo
Ninguno de los dos caminos te salva de pensar en la ventilación, porque los vapores no distinguen si estás vertiendo directo sobre el celular o llenando un molde aparte. Mi departamento es de un dormitorio, y el aire fresco que consigo entra por una ventana angosta que da a un patio interior. No tengo otra salida real, así que trabajo con mascarilla para vapores orgánicos cada vez que mezclo, sin excepción.
No soy profesional de la salud y no pretendo sonar como una, pero aprendí que el olor suave de la resina no dice nada sobre lo que estás respirando en realidad, así que prefiero no confiarme.
Cuando las dos técnicas de resina me saturan, a veces cambio de material por un rato y trabajo con arcilla polimérica para detalles que después combino con la pieza terminada, algo que exploro con más calma en el curso de Accesorios en Arcilla Fría y Polimérica sin profundizar en esa combinación aquí, porque merece su propio espacio. Bárbara, mi compañera de oficina, vio las dos fundas terminadas sobre mi mesa un día que pasó a dejarme algo, y se rió primero de la suya — la que ella misma intentó pintar y le quedó torcida — antes de opinar cuál de las dos mías prefería.
Limpiar los pinceles, el vaso y los palitos apenas termino, antes de que la resina sobrante empiece a espesar, es lo único que de verdad ahorra tiempo sin importar cuál de los dos métodos haya usado ese día.
¿Cuál funda vale la pena según lo que buscas?
Lo que casi nunca perdona el vertido directo es olvidar sellar cada botón del celular con cinta por dentro antes de verter: si no lo haces, la resina se filtra por las ranuras y los deja completamente rígidos.
Me pasó justo eso con una funda que tenía un degradado azul precioso, terminada y con un acabado espectacular, arruinada por dos botones que ya no volvieron a hundirse después. Si lo que quieres es rapidez y no te importa ese riesgo mientras aprendes, el vertido directo es el camino: revisa el nivel de la mesa, sella cada botón con cinta por dentro, y vas a tener una funda terminada en una sola sesión de trabajo. Si en cambio prefieres probar colores y texturas sin jugarte el aparato, o quieres encapsular algo delicado como una flor, el molde aparte te da más margen para corregir antes de pegar nada.
Con el tiempo, los dos métodos envejecen distinto, aunque por qué una pieza amarillea antes que otra es un tema que prefiero dejarle su propio espacio en otro cuaderno; aquí solo te digo que ninguno de los dos métodos te garantiza una pieza que se mantenga igual para siempre. Cuando una funda sale con defectos — burbujas opacas, manchas, bordes que no pegan bien — me ayuda tener claro qué problema corresponde a qué causa, en vez de asumir que el método entero falló.
Mi respuesta para Camila fue esa: si es tu primera funda, parte con el vertido directo porque falla rápido y es barato de corregir; si ya rompiste un par y quieres algo que se vea más cuidado, el molde aparte vale la paciencia extra. Si quieres una guía más estructurada que mis propios ensayos sueltos, este curso de accesorios en resina que sigo tiene una sección entera sobre piezas pequeñas pegadas que me hubiera ahorrado un par de fundas arruinadas si la hubiera visto antes.